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¡Aquellos tiempos de antes!

  • Posted on: 2 August 2015
  • By: Pedro L. Ríos

Recientemente,  en una conversación con un amigo,  éste me hizo una pregunta.  Que a mi entender… ¿Cuál época era la mejor…la pasada (entiéndase los años a mediados del siglo pasado) o la reciente?  Le contesté que todo es relativo.  Lo que es bueno para uno no necesariamente lo es para otra persona.

Me quedé con aquello en mi mente y me dije: ––No sería malo dar un viaje imaginario al pasado de nuestro pueblo de Hatillo y recordar aquellas personas que ayudaron a forjar el mismo.  La gente humilde.  Los pescadores, panaderos, verduleros y otros.  Se hace casi imposible recordarlos todos, pero para que tengan una idea los más jóvenes de hoy les voy a revivir en algo el pasado.

El carbonero era la persona que montado en su caballo pregonaba la venta de carbón por los campos y pueblos.  Algunos de los hatillanos que se dedicaron a este menester de producir y venderlo fueron:Segundo Soto y Santos Catiles.  En los ventorrillos también se vendía.  En el paso nivel aproximadamente,  donde se encuentra hoy la Cooperativa de Ahorro y Crédito.
 
Moncho Feliciano, Lingo, Pancho Álvarez, Montijo, Nando Rodríguez y Moncho Rivera son algunos que a través de los años tuvieron su ventorrillo en el nivel o cerca.  Antes también se conseguía toda clase de verdura en estos.
                                                                                                                           
Volviendo al tema  del carbón,  el mismo era muy importante ya que con él se encendía el fogón.  Se tostaban los granos de café para la harina,  aparte de todas las comidas del día.  Aunque también existían las estufas de gas líquido los más humildes dependían del carbón.  

El quincallero, aunque normalmente no era una persona natural del pueblo, si era importante para las jóvenes y doñitas.  Con su canasta al hombro pregonaba: –– “Llevo hilo de coser, dedales, peines, puntillas para su blusa etc, etc…”  No era fácil salir para Arecibo a comprar chucherías. Él siempre hacía sus ventas.

Pescadores y vendedores de los frutos del mar fueron muchos a través del tiempo.  Para recordar algunos puedo mencionar a Nicasio Alcaide, Chencho Bonilla, Juan Vargas, Pedro Alcaide, Antonio Lugo, los hermanos Justo y Juan Martínez,  Esteban “Chispa” Cruz y en la venta de la pesca del día se encontraba Cano Cruz y Don Pascual.  El pescao que se consumía era realmente fresco, acabadito de salir  del mar.

Aunque nuestro pueblo en los censos del 1940 tenía solamente 18,322 habitantes y 20,847 en la década del cincuenta, contábamos con dos panaderías, la que por mucho tiempo ha estado en nuestro pueblo, “La Hatillana” y la otra estuvo situada donde es hoy la agencia de pasajes “Skylane Travel”.  Algunos de los propietarios fueron, Pancho Velázquez, Miguel Hernández, Don Jorge Oliver y Don Félix.

En mi búsqueda de información encontré que la lista de panaderos elaboradores era infinita. Para evitar contratiempo les voy a mencionar algunos.
Eleuterio “Fello” Rodríguez, Nando y Nacho (que a la vez eran hermanos de Don Eleuterio), Jesús “Capullo”, Juan Alcaide y otros.  Algunos tenían ya su ruta vendiendo por los campos menos Flores Alcaide que en una carretilla vendía en el pueblo de Camuy.  El precio por libra de pan era de seis a ocho centavos.

El Pirulero. Éste lo tengo que mencionar porque fueron muchas las veces que me antojaba de un pirulí.  Luis Hernández los elaboraba y los vendía.  Era un dulce alargado en forma cónica con un palito atravesándolo.  Luis pregonaba: ––¡¡Pídelo, Pirulí de los que vende Luis!!.   Don Chilo vendía sus dulces y piraguas cerca de la escuela elemental.

Amigo, si usted piensa que el reciclaje es cosa moderna es porque no vivió en el pasado.  Los zapatos de antes, que doy fe que eran mejores que los de ahora.  Mientras la parte superior del mismo aguantara, media suela o suela completa era lo que venía.  No los botaban.  Para ese trabajo estaba el zapatero.  Inés Cruz Rafael Collet, Moncho Montijo y Chan fueron algunos recicladores de zapatos o en aquel tiempo, zapateros.
  
Donde es hoy “Café Costa Azul” había la única carnicería del pueblo.  Los carniceros del momento eran:  Calixto Castro, Justino Morán y Moncho Morán. 

Tal vez me digan que la verdura y frutas son lo mismo hoy que antes, tengo que argumentar a favor de los tiempos pasados, no es lo mismo comprar cosas refrigeradas semana anterior de un país vecino o lejano, que comprárselas al verdulero que pasaba empujando su carrito con la lechuga fresca, ñame, y otras legumbres donde las doñitas compraban lo necesario para ese día y hasta regateaban el precio.

No podemos olvidar los lecheros o dueños de los llamados depósitos de leche.  De la época que le estoy narrando recuerdo dos. El de Natalio López, que se encontraba cerca del paso nivel, o sea más o menos donde está la Cooperativa de Hatillo.  El otro es fácil de recordar, era de Juanito Ríos pariente mío.  Juanito vendía leche en el puesto y en una camioneta.  Su puesto estaba situado frente a la panadería La Hatillana.  El local luego fue “El Canario Quick Lunch” de Carlos y Gelo Ríos,  sus hijos.

La vida no era fácil pero se apreciaba lo que se tenía.  Ejemplo: usted no botaba una olla de hierro porque se perforaba o una sombrilla si se rompía, para esas reparaciones y otras que tuvieran que ser ensoldadas estaba Luis Hernández, hermano de nuestro insigne poeta hatillano José PH Hernández. También Santos y Catiles. Carmelo Cruz (mejor conocido por Bilo) tenía la tarea de reparar los colchones ya que los mismos se estiraban con el peso de las personas al dormir.

Recuerdo, tal vez con nostalgia, cuando sonaba la sirena a las nueve de la noche y los menores tenían que estar en su casa si no estaban acompañados por un adulto.  Cuando el oficial Hernández comenzaba su ronda repicando la macana contra el pavimento, era la señal para nosotros salir corriendo.

Me informa un hatillano de aquellos tiempos  que para fines de los años treinta Aniceto “Cheto” Castro recogía la basura del pueblo en un carretón halado por un buey de nombre “Manzano”.

Antes de continuar deseo hacer un paréntesis.  Como en todas  las épocas han existido individuos  que por ser diferentes a lo establecido llaman la atención. Santana era vendedora de pollos y huevos del país.  Normalmente se veía con una canasta y sus productos.  Se decía que era hermafrodita.  Hablaba con voz ronca,  tenía que afeitarse pero siempre vestía con traje largo y un pañuelo en su cabeza. 

Buscando información para éste artículo en un programa de fiestas patronales de 1983 encontré una entrevista muy interesante que le hizo el Sr. Charlie Aguilar a dos personajes que en aquel entonces tenían sobre ochenta años.  Les narraron Manuel de Jesús, “Lingo” y Carmelo Cruz, “Bilo” sobre todas las necesidades por las que tuvieron que pasar cuando se criaban.  Para esa época  existía en el medio de la plaza un pozo donde se extraía agua y ellos vendían dos latas por tres centavos.  

De acuerdo con la entrevista ellos le expresaron al Sr. Charlie Aguilar, que la plaza pública tenía una parte en ladrillos y lo otro era palos de grosellas.  Era alumbrada por faroles de gas.  Luego se uso una planta que era atendida por un tal Juanito Presa y los hermanos Leoncio y Juanito Casañas que era el jefe. 

Cargaron maletas a los pasajeros del tren y además estiraban colchones.  Lingo y Bilo fueron los típicos hatillanos de la época, trabajadores y honestos.  Hombres como los que menciono en este artículo forjaron nuestra historia.  Ayudaron para que hoy Hatillo sea un pueblo de progreso y  rico de historias positivas.  A nuestros jóvenes le pido;  No olviden el pasado porque solamente así se construye  un mejor futuro.

 
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Fuentes de información:

Amaury Corrujo
Anuario Fiestas Patronales 1983
Artículos de la época 
Fotos publicadas por Charlie Aguilar
Fotos Pedro L. Ríos de Estampas Hatillanas