Error message

Notice: Undefined offset: 1 in counter_get_browser() (line 70 of /home/pedro/public_html/portal/sites/all/modules/counter/counter.lib.inc).

Joseíto; una historia verídica

  • Posted on: 2 August 2015
  • By: Pedro L. Ríos

La historia que les voy a narrar es una verídica. Comenzó allá para los años cuarenta en un campo de Hatillo, en una hacienda donde se cultivaba tabaco, caña y en sus postrimería se dedicó a la ganadería. En ese ambiente de amor y tranquilidad vio la luz por vez primera nuestro aludido en este corto recuento. Joseíto (nombre ficticio) era un niño muy inteligente y cariñoso. Desde pequeño era bien hiperactivo y muchas veces le pasaban cosas que para otros niños de su edad eran inconcebible.

Cuando Joseíto era ya un mozalbete su madrina le regaló unos patines para el día de Reyes. Como no tenía donde correrlos, porque como les dije anteriormente vivía en el campo, se trepó en un aljibe a correr con ellos y ya usted sabe lo que le pasó... se cayó de más de siete pies de altura. Pero sus aventuras no paran aquí. Como a Joseíto le gustaba mucho las películas de vaqueros se puso a imitar la forma en que los mismos se tiraban del caballo y se rajó la cabeza.

Las aventuras del intrépido niño no se detienen ahí. Después de su aparatosa caída del caballo, imitando a su vaquero favorito “Rocky Lane” uno pensaría que su carrera como jinete llegó a su fin, pero nuevamente quiso hacer alardes de sus habilidades como jinete. En esta ocasión cabalgando por las llanuras, el animal, y me refiero al caballo, súbitamente detuvo su marcha y Joseíto salió expulsado sobre las bridas de este aterrizando sobre el duro suelo. En esta ocasión lo llevaron semiconsciente a su hogar.

Las malas pasadas siguieron acompañando a nuestro héroe. En otra ocasión se detuvo a observar un encuentro de softball entre amigos de se barrio y súbitamente batearon un foul. ¿Dónde ustedes creen que fue a parar la pelota ? Si dijo su cabeza, usted adivinó.

Luego de graduarse de la escuela rural donde cursó los grados primarios, comenzó a estudiar en la intermedia del pueblo de Hatillo, siempre obteniendo calificaciones sobresalientes, aunque siempre despistado. Cuentan que un día de verano, de esos bien caluroso, Joseíto y unos compañeros de clases quisieron disfrutar de un chapuzón en la playa de La Marina. Como no tenían trajes de baños improvisaron con unos pantalones cortos. Cuando los jóvenes se disponían a tirarse al agua uno de ellos se percata que Joseíto tenía su reloj nuevo en su muñeca. __¡Joseíto, quítate el reloj que se te va a dañar! Exclamó éste. Joseíto se removió el reloj, se lo echó en el bolsillo de su pantalón y se zumbó al agua.

Pasaron los años, siendo Joseíto un fiel seguidor de los deportes. Conocía los promedios de los peloteros y demás estadísticas de los mismos. Pero nunca tuvo habilidad para practicar algún deporte. Cuentan que un día, como no se encontraba nadie disponible para completar un equipo, lo pusieron a jugar bosque derecho en un juego de béisbol. Batearon por su lado un elevado. Joseíto salió corriendo a coger la bola sin percatarse que estaba corriendo hacia un poste del alumbrado. Dicen que en esta ocasión recibió tremendo golpe.

Pero Joseíto no era muy tímido ya que logró conquistar una bella joven del pueblo. La acompañaba al cine San Miguel del pueblo y como siempre llegaba tarde, lo cual era y es su costumbre. Al pasar entre las filas de asientos eran muchos los lamentos que se oían por los pisotones de Joseíto buscando butaca al lado de su amada “Caperucita”.

Cuentan que el “Blue Room Bar” estaba pasando por una remodelación. Pintura, aire acondicionado y un flamante techo acústico sobre las mesas de jugar billar. Joseíto fue el primero que jugó pero también fue el primero que alzando bruscamente el taco de jugar perforó el recién instalado techo acústico.

Esta historia no ha terminado, es solo el comienzo de una vida llena de situaciones muchas veces jocosas. Joseíto se desarrolló como un ciudadano ejemplar pero siempre despistado.