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Flor Luis González Cabrera - “El Trovador Peregrino”

  • Posted on: 31 July 2015
  • By: Pedro L. Ríos

La mente del ser humano es una máquina muy compleja al momento de tomar una decisión. Diversas pueden ser las causas por la cual un individuo escoge un método de vida.

Sale un día de su hogar en el barrio Santa Olaya del pueblo de Bayamón sin rumbo alguno. Su decisión ese día fue dejar todo atrás… esposa, hija, madre, hermanos y toda una vida para deambular por un rumbo desconocido. Su único equipaje… el talento innato que poseía en la música autóctona nuestra. Senderos que lo guiaban a otros destinos donde tenía que sobrevivir sin un techo para pasar la noche no sabiendo de donde vendría su próxima comida. De esa forma sobrevivió Flor Luis González Cabrera, “El Trovador Peregrino". Trovador de mucho talento que prefirió ser un nómada sin rumbo fijo. Nació un 16 de junio de 1950. Terminó su cuarto año de escuela superior y trabajó en el municipio de Bayamón. Su madre Emilia Cabrera Alejandro que siempre ha estado pendiente de todos sus pasos, trató de persuadirlo para que desistiera de sus deseos.
Su peregrinaje comenzó hace más de de veinte años por los pueblos de Manatí, Carolina, Rincón, Ponce, Camuy, Arecibo y otros.

En un momento de nuestra conversación a Flor Luis le cambió su semblante de alegría y noto que sus ojos se humedecen en lágrimas. Las navidades siempre son tristes para mí, pero no olvido las que pasé sentado en un banco de la plaza de Manatí… un frío intenso y bajo la lluvia. Esa noche pensé mucho en mi familia, sobre todo en mi hija y mi madre que tiene noventa y dos años. De mi padre, Andrés González Hernández, conocido por “Don Corcino”, no recuerdo nada pues murió siendo yo un infante. Pero si se que era músico entre otras cosas.

En Hatillo ha vivido por los últimos quince años. Me recuerda que cuando arribó a este pueblo durmió en el templete de la plaza y pasó el huracán George en el atrio de la iglesia católica. Flor Luis a través del tiempo se ha ganado a los hatillanos con su talento y sobre todo por ser un ser humano con mucho amor para repartir. Vive en su mundo aparte donde pocos tenemos el privilegio de entrar. De su futuro nada se puede asegurar. Tal vez algún día se levante con el deseo de emprender nuevamente su peregrinaje hacia otros horizontes.