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PLAYA “LAS CABRAS”

  • Posted on: 27 July 2015
  • By: Pedro L. Ríos

Como me lo contaron te lo cuento. Todos los pueblos tienen su historia. Algunas son falacias inventadas por los propios ciudadanos. La anécdota que les voy a narrar comenzó en el pueblo de Hatillo allá por los años veinte.

Cuentan, según los que conocen la historia, que en un sector de playa donde están las escuelas Juliet A. Casey y Adrián Martínez Gandía, muy cerca del antiguo “Robinson” conocido por el nombre de “Las Cabras”, un día de verano fueron dos hermanos, encomendados por su padre, a pastar su más preciada posesión; una cabra de fina raza. Los hermanos, siguiendo las directrices de su padre buscaron el sitio ideal, bajo la sombra de un pino, donde la yerba era abundante. Para mitigar el calor del día los jóvenes decidieron darse un chapuzón en el mar. Después de disfrutar de las aguas cristalinas por un tiempo indefinido, se acordaron de la cabra que habían dejado amarrada al pino. Salieron a toda prisa y para su sorpresa, encontraron que la cabra de tanto halar su soga se había ahorcado.

La desesperación se apoderó de los jóvenes. El mayor de los dos le pidió al menor que fuese el que informara a su padre lo ocurrido. Su respuesta fue inmediata: __“Yo no voy a coger dos pelas, una por ti y la mía”. Analizando la situación detenidamente los jóvenes optaron por no regresar a su casa para no enfrentar a su padre. Decidieron buscar refugio en la casa de unos parientes lejanos en el pueblo de Manatí. Éstos, no estando de acuerdo con la situación le ordenaron que regresaran a su casa pero ellos siguieron su rumbo hacia los “Muelles de San Juan” donde abordaron un barco y se fueron de polizones rumbo a New York. El segundo día en alta mar fueron descubiertos por un marinero mercante y presentados ante el capitán de la embarcación. Sus castigos fueron trabajar por comida y sus pasajes.

Mientras tanto en Hatillo amigos y familiares no cesaban de buscarlos. Le rezaron a la patrona por sus almas ya que asumieron que habían perecido ahogados en el mar. No se imaginaban estos dos jóvenes que habían emprendido un viaje para nunca más regresar a su querido pueblo.
Más tarde, ingresaron en el ejército Norte Americano juntos. Aunque uno era menor, de alguna forma se las ingenió para ingresar junto a su hermano. Sus vidas fueron siempre paralelas. Uno se fue a vivir New Jersey donde procreo hijos y formó una familia. El otro se ubicó en New York donde pudo llevar una vida llena de satisfacciones personales y con mucho gusto por la bohemia; nunca procreo hijos.

Pero querido lector, esta historia no termina aquí. Un día de esos bien frío de invierno, recibió la triste noticia que su hermano había fallecido. Lleno de tristeza, con dolor inmenso en el alma, partió hacia New Jersey para estar junto a su querido hermano. Después del velatorio, tomó un tiempo para descansar en su apartamento y luego asistir al sepelio, pero fue sorprendido por la muerte con solamente horas de diferencia. Emprendió también su camino hacia la eternidad para estar junto a su hermano y de esa forma culminar una aventura que comenzaron juntos por culpa de una “cabra”.