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Galería Oscar Colon

  • Posted on: 21 July 2015
  • By: Pedro L. Ríos

Es una devoción casi religiosa el caminar todas las mañanas como parte de mi batalla contra la vejez. En mi caminata siempre pasaba frente a la casa de medio balcón con su marquesina pintada de verde y blanco donde un tiempo atrás siempre exponían en su pared nuestra bandera puertorriqueña. Era una mañana de nubes oscuras, de esas que parecen que van a derramar lágrimas. Una mañana que llenó mi corazón de tristeza al ver como una máquina gigantesca derribaba las paredes de la casa que siempre pensaba iba a ser un museo para honrar la memoria del que fue nuestro máximo exponente en el arte de la pintura, el insigne artista hatillano Don Oscar Colón Delgado. Otros pensaron que era más provechoso cuadrar su estacionamiento que preservar ese monumento. Pero como dice un viejo refrán: “La ignorancia es temporera, la estupidez es para siempre.” Para conocimiento de aquellos que de una forma u otra ignoraron la importancia de tan ilustre y humilde caballero les voy a narrar algunos datos sobresalientes. Don Oscar Colón Delgado nació un día 24 de febrero de 1889 en un barrio del pueblo de Hatillo. Sus padres fueron el Sr. Ramón Colón Castro y la Sra. Emilia Delgado Echevarría. Estuvo siempre acompañado por su abnegada esposa Doña Carmen Malaret. Aunque Don Oscar era un hombre pequeño de estatura su grandeza no se mide en pies, su grandeza estaba en su amor a la patria, su arte y su humildad. Era un jíbaro castao. Cuando joven fue socialista, luego independentista radical, siempre leal a su ideal. Nuestra bandera puertorriqueña nunca dejó de ondear en su hogar. Comenzó a pintar a la tierna edad de doce años. Hizo su instrucción primaria en el pueblo de Arecibo. Comenzó muy joven a trabajar en la oficina del telégrafo como mensajero, luego fue telegrafista hasta llegar a ser secretario del juzgado de paz en Arecibo. En 1938 fundó la academia de arte de dicho pueblo donde fue maestro. Hizo lo mismo en Caguas, Utuado y Hatillo. Fue profesor de pintura en Mayagüez. Dominaba las diferentes facetas del arte. Por esa razón siempre se destacó en todos los géneros de la pintura; el religioso, costumbrista, histórico, el paisaje etc. Se destacaba al óleo y la acuarela pero dominaba todos los procedimientos. Don Oscar ha sido calificado como una digna e individual prolongación del pincel del reconocido internacionalmente pintor puertorriqueño, Francisco Oller (1833). Me indicó el artista hatillano Norberto Ruiz que la única diferencia que él ve es que Oller tuvo el privilegio de estudiar cuando joven en España y Francia con los grandes maestros del arte y aprendió diferentes técnicas para dominar los colores y Don Oscar fue autodidacta. Los libros de arte y la naturaleza fueron sus maestros. En una ocasión fue visitado por Don Luis Muñoz Rivera, comisionado de Puerto Rico en Washington, y sus obras le causaron una gran impresión. Hasta le prometió enviarlo a Italia a estudiar pintura, pero no pasó de ahí, se quedó en una promesa de un político. Sus obras están dispersadas por diferentes lugares en Puerto Rico y el exterior. Tenemos conocimiento de algunas por ejemplo en: La Iglesia Católica de Hatillo, la Catedral de San Germán, Museo de Ponce y la colección de Seguros Múltiples. En la oficina del gobierno en Hatillo se conservan varios retratos de figuras políticas y culturales. Otras en manos de coleccionistas privados Algunas de sus obras de mayor envergadura son: Honor a Placido, El Viejo Pancho, El Lavador de pisos, Cocos de Agua, Viejo Mendigo, Varando el Bote, Rincón de la patria, Paisanaje con bohío y las de mayo reconocimiento para la cual posó su hijo Rafael, “La Canasta Vacía”, (1931) y el Jíbaro Negro, (1941). Don Oscar fallece el 23 de julio de 1968. Citando al artista arecibeño Roland Borges Soto:  “El aun vive en su arte, que es un legado de inspiración para todos y no debemos olvidar a quien sin maestros fue maestro de maestros”. Que descanse en paz Don Oscar Colón Delgado.

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